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!EL SILENCIO ES TAN CÓMPLICE COMO EL AGRESOR MISMO!

La siguiente nota no tiene la intención de defender nada, simplemente destacar que nada se mide con el mismo racero y que la estigmatización está a la orden del día entre los periodistas que terminan convenciendo a una sociedad que traga entero sin ir más allá de indagar lo sucedido y que muchas veces son ellos mismos (no todos), con sus declaraciones y posturas, los que generan todo tipo de violencia.
En Colombia el “efecto guerrilla y paramilitarismo” se ve en las barras de dos equipos fundamentalmente: Millonarios y Nacional. Desde ese punto, para los medios solo existe una fuente de violencia mientras que la otra pasa de agache y jamás es nombrada como si policía y medios de comunicación fueran cómplices y permisivos con unos y no con otros.
No es un misterio para nadie que la violencia se tomó los estadios, pero si es un GRAN MISTERIO como las acciones de los hinchas de Nacional jamás son nombradas en los medios de comunicación, y es de alta preocupación como por ejemplo, la respuesta con tono de burla (escuche aquí) que dio el general José Ángel Mendoza, comandante de la policía de Medellín, a las denuncias de ciudadanos y unos pocos periodistas conscientes, de los hechos de xenofobia el 17 de noviembre del 2013 por parte de hinchas locales y que con la complicidad de la Policía, llevaron a cabo contra hinchas bogotanos que se acercaron al estadio Atanasio Girardot para la final de la Copa Colombia y donde se atentó contra el bus que transportaba a todo el plantel del conjunto Millonarios.
Y es que casualmente hace 21 años, se dio uno de los primeros hechos de xenofobia y violencia contra hinchas, cuerpo técnico y jugadores de Millonarios en la ciudad de Medellín. Días previos al partido que disputarían Nacional y Millonarios a comienzos de abril de 1995 en el estadio Atanasio Girardot, se evidenciaba la agresividad generada a través de los medios de comunicación por la negativa de la dirigencia de Millonarios al aplazamiento del juego.
Fue tanta la violencia proveniente de los medios deportivos no solo de Antioquia sino de la capital, donde periodistas antioqueños desde tiempos inmemoriales tienen sus tribunas para arengar tanta estupidez, que orquestaron una campaña de desprestigio bajo el lema “a Millonarios le da miedo jugar con el plantel titular de Nacional” que desató un ambiente hostil y peligroso en contra de todo el plantel embajador y donde, el director técnico Vladimir Popovic, estuvo a punto de renunciar y tras ser convencido por la dirigencia, declina viajar a Medellín por lo que encomienda el grupo a Alejandro Brand, la gloria paisa que fue campeón con Millos en los 70´s.
Brand que estaba encargado del equipo emergente, le indaga al técnico yugoeslavo el porque no viaja y su respuesta es contundente: “existen serías amenazas contra mí y el grupo, así que usted se hace cargo” por lo que, entre el director técnico y el presidente, se tomó la determinación de que Brand viajara con el equipo para preservar la seguridad de Popovic, a lo que Alejandro Brand pensó. “Seguramente al grupo y a mi no nos entran las balas”.
Y así, bajo esas condiciones, viaja el plantel embajador y a la llegada al aeropuerto José María Cordová, Brand recuerda: “nos esperaba un piquete de aproximadamente 30 policías. Algunos de ellos nos rodearon y otros se colocaron en sitios estratégicos. Camino al hotel, cinco policías armados hasta los dientes entraron al bus. Impresionaba más a la vista lo que llevaban colgado a sus cinturones que las armas automáticas que portaban. Afuera, policías en moto y dos patrullas nos escoltaban camino al hotel. Durante esa noche, 16 policías permanecieron junto al equipo en un hotel a 35 minutos de Medellín”. Esa era la primera vez en la historia del fútbol colombiano, que se hacía un operativo con esas características de seguridad para un equipo de fútbol.
Y continúa: “Había una mezcla de sentimientos en el grupo de jugadores. Desmotivación, pues la mayoría se enteró en el aeropuerto de Bogotá que el técnico que había trabajado con ellos toda la semana no viajaba a Medellín por amenazas contra su vida. Desconcierto, por la misma razón. Silencio, ANGUSTIA y, por encima de todo, TEMOR, porque cuando se habla de Medellín, todo el mundo piensa en serio!” y más si recordamos los hechos de 1989 donde el árbitro argentino Juan Bava confesó: "Entraron al hotel unos tipos con ametralladoras! Nos ofrecieron plata y nos amenazaron de muerte" a lo que se le sumó a final del año, el asesinato del árbitro Álvaro Ortega y la sanción impuesta de parte de la Conmebol a Nacional, debido a la denuncia formal del árbitro Juan Daniel Cardellino tras recibir amenazas por un partido de Copa Libertadores en Medellín. Por lo que los equipos colombianos, se vieron obligados a jugar fuera de Colombia sus partidos en que oficiaban de local, Miami y San Cristobal por miedo y negativa de los jueces a pitar en Medellín albergaron al América y Nacional para la Libertadores de 1991.
Y la amenaza se hizo real al llegar al estadio Atanasio Girardot. A tan solo 200 metros de la entrada del camerino, el bus que llevaba al plantel es atacado y rodeado por hinchas inusualmente furibundos, con mirada de odio, gritando improperios, amenazas de muerte y golpeando el bus no solo con las astas de sus banderas sino con piedras. Esos fueron los 200 metros más largos para aquellos jugadores que sintieron temor por su integridad. La policía “intentó” escoltarlos pero el ánimo de todo el plantel no daba para más. ¿Se imaginan como fue para los seguidores embajadores?
Antes del inicio del encuentro, un periodista se acerca al camerino embajador y les dice “no hay derecho a que colegas hagan esto con el fútbol” y uno de los jugadores lo reta a que denuncie pero se produce un silencio largo. Los jugadores saltaron a la cancha pero más con el temor de lo que podía suceder de sacar un buen resultado contra un equipo de suplentes, que con la intención de ganar el partido.
Al final, se perdió el partido y a pesar de eso, el plantel debió salir apiñado dentro de una sola tanqueta antimotines, que se abría paso entre la enardecida hinchada nacionalista que lanzaba piedras y todo lo que encontraba a mano. Los hinchas azules que viajaron, también fueron víctima de todo tipo de vejámenes y la policía los dejó a su suerte con la excusa de cuidar al plantel visitante en su viaje de regreso no solo al hotel sino hasta el aeropuerto.
Alejandro Brand solo podía pensar dentro de aquella tanqueta “¿Qué hubiese sucedido si ganamos ese partido?” y como ahora, nada se mencionó de lo acontecido en Medellín. Allá todo fue normal, parece que siempre ha sido y seguirá siendo normal el trato al hincha visitante.
Y la gloria embajadora bicampeon en los años 1972 y 1978 terminó su relato con estas últimas palabras: “Comprendí, por mi propia vivencia, lo que es sentirse aplastado por uno de los tantos poderes que perviven en este país, y lo que significa sentir esa sensación de impotencia que sufren tantos y tantos colombianos que en la práctica se encuentran inermes ante el poder descomunal de la impunidad”.
Muy seguramente, para los señores de la prensa o la policía y toda esa multitud de moralistas ciudadanos, los hinchas de Nacional actuaron y actúan por súbita y espontánea iniciativa difícil de controlar, mientras nosotros, los seguidores embajadores, cada acción la planeamos con meticuloso cálculo al punto de ya ser tildados de "paramilitares", porque ellos, jamás puntualizan sino generalizan y nos echan en la misma bolsa a violentos e hinchas de bien.

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