Se jugó una vez más el clásico en un día marcado por frio y lluvia.  Esta vez el rojo fue el local.
El juego inició con un Millonarios imponiendo el vértigo de la semana anterior, todo indicaba que el compromiso iba a ser una réplica del primer clásico, con un azul avasallando a su oponente y abriendo el marcador al minuto 8 con un cabezazo de Andrés Cadavid. Sin embargo, Millos no sostuvo esa intensidad ofensiva y bajo el pie del acelerador entregándole el dominio del juego a su oponente, que se fue tomando confianza. Tres hombres de la línea posterior fueron incapaces de detener a Gómez y el argentino definió ante Sánchez decretando el empate.
Después de esa paridad, el azul no pudo volver a tomar el control del juego. Millos careció de un conductor que supiera administrar los tiempos del juego y una vez más peco por nunca intentar de media distancia como si lo hizo el adversario.
En el segundo periodo salió lesionado Cadavid y entro un Figueroa falto de fútbol. De lejos, el liderazgo que imprime Cadavid se ausentó y fue un talón de Aquiles para el equipo pues en su ausencia se notó inseguro atrás. Entro “caracho” y Maxi Nuñez que no lograron marcar diferencia en la gravitación del  juego y ni movimiento en pelota quieta. Los azules no aprovecharon un campo mojado para ensayar de media distancia y exigir el arquero cardenal, como si lo hizo Arango que en la primera oportunidad disparo a puerta y decreto el segundo albirojo. Después Rojas se va expulsado y el resto es una sucesión de imprecisiones hasta el epilogo del partido.
Así se va un clásico más y un invicto prolongado sobre nuestro eterno adversario de plaza, no queda más que seguir trabajando para sumar puntos en los juegos que se vienen y acompañar a nuestro amado embajador.

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